PISA 2025: Leer, pensar y aprender en tiempos de inteligencia artificial (parte I)
¿Qué está ocurriendo con las maneras de leer, pensar y aprender de las nuevas generaciones? La caída en los resultados de PISA es un fenómeno suficientemente extendido como para preguntarnos qué cambios más generales pueden estar influyendo en los aprendizajes de niñas, niños y adolescentes en la última década.

Los fuegos artificiales ya se apagaron. Pasó la ola de titulares que, una vez más, convirtió los resultados de PISA, en la mayoría de los casos, en anuncios de catástrofe educativa y, en otros, en intentos de celebrar supuestos éxitos de las políticas de turno. Es momento de detenerse a mirar los datos, pensar qué nos dicen y, sobre todo, qué preguntas y desafíos nos plantean.
En países como España y Argentina, los resultados alimentaron diagnósticos alarmantes sobre el deterioro de los aprendizajes. Titulares de prensa como “La catástrofe de los resultados PISA pone en jaque el futuro de España” o “Desastre en las pruebas PISA: Argentina tuvo sus peores resultados en casi 20 años” se repitieron durante varios días.
En Uruguay, en cambio, donde se produjo una leve mejora en Ciencias, el exdirector general de la educación pública intentó presentarlos como una confirmación de los logros de su transformación educativa. “Todo eso son buenos resultados, que los están mostrando las pruebas PISA, de la transformación educativa”, expresó en una amplia recorrida por distintos medios de prensa el día en que se publicaron los resultados. «Robert Silva opinó que la mejora en los resultados de las Pruebas Pisa es fruto de la transformación educativa» (Telenoche, 8 de setiembre de 2026).
Cabe recordar que PISA mide los efectos acumulados de aproximadamente nueve años de escolarización. La generación evaluada en 2025 inició su escolaridad primaria en 2016. La “transformación educativa” apenas empezó a ponerse en marcha en 2023, por lo que los estudiantes evaluados difícilmente pudieron experimentar de manera significativa sus efectos.
Más allá de estos usos oportunistas y superficiales de los resultados, conviene recordar que estos son el resultado de múltiples factores que operan a lo largo de muchos años. Por eso importa más observar e interpretar las tendencias sostenidas que enfocarse en los pequeños cambios que ocurren de un ciclo a otro.
Una caída generalizada en PISA 2025 que merece atención
La tendencia más llamativa de los últimos ciclos de PISA es la caída sostenida de los resultados, acentuada a partir de 2018. El descenso es especialmente importante en Lectura y Matemáticas, y de magnitud algo menor en Ciencias. Entre 2018 y 2025, el promedio de Lectura descendió 25 puntos en los países de la OCDE con datos comparables: 11 puntos entre 2018 y 2022 y otros 14 entre 2022 y 2025. La OCDE estima que esta diferencia equivale, como referencia aproximada, a un año de progreso educativo. Esto no significa que cada estudiante haya perdido literalmente un año de aprendizaje, sino que el desempeño promedio de los jóvenes de 15 años se asemeja al que cabría esperar de estudiantes aproximadamente un año más jóvenes en la escala de aprendizaje utilizada.

La caída es generalizada. De un total de 73 países que participaron en los ciclos de evaluación de 2018 y 2025, en 55 de ellos se registraron descensos estadísticamente significativos en los resultados de Lectura. En 13 países las diferencias entre ambas mediciones estuvieron dentro del margen de error. Solamente 5 países tuvieron mejoras significativas en Lectura entre 2018 y 2025 (Zambia, Filipinas, Camboya, Brunei y Catar).
Existe además otra evaluación internacional en Lectura que se aplica cada 5 años en 4˚ de Primaria llamada PIRLS. Es diferente de PISA en la definición de qué evaluar -PIRLS está basada en el currículo, no en competencias-, en la población evaluada -PIRLS está basada en el grado escolar, no en la edad-, así como en los países que participan. PIRLS también registró una caída en los resultados en Lectura entre 2016 y 2021 en 21 de 33 países que participaron en ambas evaluaciones, en tanto que en 8 no hubo diferencias significativas. Solo 3 países mejoraron sus resultados.
No estamos, por tanto, ante un fenómeno que pueda ser atribuido a los problemas particulares de un sistema educativo o a una política nacional. Es un fenómeno suficientemente extendido como para preguntarnos qué cambios más generales pueden estar influyendo en los aprendizajes de niñas, niños y adolescentes en la última década.
Como resulta obvio, la pandemia debió tener un efecto importante sobre los resultados de PIRLS 2021 y PISA 2022, ya que los estudiantes evaluados tuvieron dos años con clases completamente irregulares. Pero los resultados de PISA 2025 muestran que la caída se mantiene, lo cual sugiere que hay otros factores que están influyendo.
¿Qué nos dicen los datos sobre las causas del descenso?
Los informes de la OCDE (*) exploran cuatro conjuntos de factores que podrían estar incidiendo: i) las dificultades de los estudiantes para sostener la atención y el esfuerzo; ii) el deterioro de ciertas condiciones en los contextos escolares; iii) la dificultad de los sistemas educativos para responder a necesidades cada vez más diversas; y, iv) un conjunto de cambios sociales vinculados con los hábitos lectores y la cultura digital.
1. La OCDE analizó en qué partes de las pruebas de Lectura se registraron las mayores dificultades. Entre 2018 y 2022, las mayores caídas se registraron en actividades basadas en textos largos y que exigían procesos cognitivos complejos, como evaluar y reflexionar, recordar información e integrar datos procedentes de distintas partes de un texto o de varias fuentes. En cambio, las tareas que requerían localizar un dato puntual fueron menos afectadas. En 2025, el descenso se extendió de manera más uniforme a los distintos tipos de tareas, aunque la longitud de los textos continuó siendo un factor importante. Los resultados también sugieren dificultades crecientes para mantener la atención y el esfuerzo ante actividades exigentes.
Menor fluidez lectora: entre 2018 y 2025, la proporción de estudiantes con lectura precisa y fluida disminuyó unos 7 puntos porcentuales. La de estudiantes que leen de manera apresurada -responden rápidamente y de manera incorrecta- aumentó del 6,6% al 11,4%.
Aumentaron las respuestas rápidas e incorrectas en el conjunto de la prueba, al tiempo que disminuyeron las preguntas que los estudiantes dejaban sin responder. Esto sugiere una mayor tendencia a contestar sin pensar demasiado, en lugar de detenerse ante una dificultad.
El desempeño cayó más en las últimas secciones de la prueba que en las primeras, lo que resulta compatible con una disminución de la atención y la perseverancia.
Menor esfuerzo y motivación: en la mayoría de los países, en 2025 los estudiantes declararon haber dedicado menos esfuerzo a la prueba que los estudiantes evaluados en 2018 y 2022.
2. En segundo lugar, los datos de PISA 2025 sugieren que algunos contextos escolares se han vuelto más difíciles para la enseñanza y el aprendizaje. Los problemas de disciplina, las interrupciones, las dificultades para mantener la motivación y la insuficiencia de apoyos pueden reducir las oportunidades efectivas de aprendizaje.
Durante la pandemia, muchos estudiantes tuvieron dificultades para motivarse y realizar las actividades y tareas que se les propusieron. En 2025, aunque mejoraron algunas percepciones de los estudiantes relativas al apoyo de sus docentes, empeoraron otras. Por ejemplo, disminuyó la proporción de estudiantes que afirmaban que sus profesores de Ciencias continuaban enseñando hasta que comprendieran los contenidos.
Se observan señales de deterioro del clima escolar. Tras disminuir entre 2018 y 2022, el acoso entre estudiantes volvió a aumentar en 2025. Los países donde más creció la proporción de alumnos que declaran haber sido amenazados por sus compañeros tendieron a registrar mayores caídas en Lectura. Los directores también informaron de más episodios de vandalismo, robos, intimidaciones y agresiones verbales o físicas, fenómenos que se relacionan con una evolución menos favorable de los resultados en Lectura.
También disminuyeron entre 2022 y 2025 la motivación para aprender y la vinculación con el centro educativo. En cambio, en los países donde disminuyó la proporción de estudiantes que consideraban que la escuela era una pérdida de tiempo, se registró una evolución más favorable en Lectura.
Estas tendencias no demuestran que el deterioro del clima escolar o del apoyo docente sea la causa directa de la caída de los resultados. Sin embargo, plantean una preocupación relevante: el aprendizaje requiere tiempo, atención sostenida, trabajo reiterado con textos y acompañamiento docente, especialmente cuando se trata de materiales complejos. Si aumentan las interrupciones y se dificulta la gestión de las aulas, pueden reducirse las oportunidades para desarrollar estas capacidades.
3. En tercer lugar, los centros educativos deben atender estudiantes con necesidades cada vez más diversas.
Según TALIS 2024, el 73 % de los docentes de los países de la OCDE trabaja con grupos de estudiantes con niveles de desempeño diversos, que incluyen alumnos con dificultades de aprendizaje y estudiantes de altas capacidades. La presencia de una mayor proporción de estudiantes con bajo rendimiento se asocia con más interrupciones en el aula, lo que puede dificultar la enseñanza. Además, aunque la composición socioeconómica de las escuelas se mantuvo relativamente estable entre 2018 y 2024, los directores señalaron un aumento de estudiantes refugiados, hablantes no nativos, alumnos con necesidades educativas especiales y estudiantes de origen migrante. Si bien la diversidad no es en sí misma un problema, el desafío radica en que los sistemas educativos deben disponer de recursos para ofrecer enseñanza diferenciada, apoyo lingüístico, educación especial y acompañamiento socioeconómico, especialmente en las aulas y centros educativos escuelas donde se concentran diversos y variados tipos de necesidades.
4. En cuarto lugar, hay un conjunto de tendencias culturales y sociales más amplias que pueden haber influido en la manera en que los jóvenes aprenden y se relacionan con la educación en general, y con los textos escritos en particular.
En PISA 2018, los estudiantes que leían ficción y textos extensos para la escuela obtenían mejores resultados en Lectura, incluso después de considerar las características socioeconómicas de los alumnos y sus centros. También tendían a obtener mejores resultados quienes leían libros en papel con mayor frecuencia que quienes los leían principalmente en dispositivos digitales o rara vez leían libros.
Los resultados de PISA 2018 ya mostraron cambios en los hábitos de lectura. En comparación con 2009, aumentó la proporción de estudiantes que declaraban leer solo cuando era necesario. Los estudiantes señalaron que leían menos libros de ficción, revistas impresas y periódicos en papel, mientras que aumentaba su contacto con los textos a través de actividades en línea, como buscar información, chatear y leer noticias. En los países de la OCDE, el índice de disfrute de la lectura disminuyó durante esa década.
Las familias desempeñan un papel importante en la formación de las actitudes hacia la lectura desde la infancia. Estudios anteriores de PISA muestran que los estudiantes cuyos padres leían en casa, o manifestaban disfrutar de la lectura, tendían a disfrutar más de ella. Los cuestionarios aplicados a las familias en 2009 y 2018 sugieren que la lectura perdió terreno como pasatiempo favorito de los adultos. Esto indica que la disminución del disfrute de la lectura no afectó únicamente a los adolescentes, sino también a sus padres, que son modelos importantes para la formación de los hábitos lectores en el hogar.
Los datos de PISA 2025 muestran cambios en las actividades digitales entre 2022 y 2025. Aumentó la proporción de estudiantes que pasan más de una hora diaria en redes sociales o videojuegos, mientras disminuyó la de quienes utilizan dispositivos digitales para buscar información práctica o crear contenidos.
Dos estudiantes mujeres de secundaria en un aula consultando un celular Estudiantes varones en una aula de educación media consultando sus celulares Una joven estudiante sentada escribiendo en una libreta, con auriculares en los oídos y una tablet
Estos datos refuerzan la evidencia de que los entornos en los que los jóvenes leen y utilizan textos continúan transformándose. Los adolescentes leen y escriben mucho en medios digitales, con propósitos y formatos diferentes. El análisis de los tipos de actividades digitales que realizan las nuevas generaciones podría ser relevante para comprender cómo se desarrollan la lectura sostenida, la integración de información y la evaluación crítica. Los estudiantes evaluados en PISA 2025, nacidos alrededor de 2009, crecieron durante un período de rápida expansión de los dispositivos electrónicos personales. Esto seguramente favorece formas de interacción con el texto escrito más breves y fragmentadas, en detrimento de la lectura sostenida.
Todas estas hipótesis no constituyen explicaciones definitivas ni permiten establecer una relación causal directa entre el uso de pantallas y la caída de los resultados. Son más bien explicaciones complementarias. La caída de los aprendizajes coincide con un conjunto de transformaciones en las tecnologías que usamos en nuestra vida cotidiana, en los hábitos culturales y en las formas de relacionarnos con la información.
Hay pues varias preguntas de fondo que los resultados de PISA no pueden responder por sí solos: ¿cómo están cambiando las maneras en que las nuevas generaciones leen, escriben, aprenden y piensan?; ¿qué consecuencias tiene esa transformación para la enseñanza y el aprendizaje?; ¿qué deberíamos hacer?
Para explorar estas preguntas necesitamos considerar cómo las tecnologías han transformado históricamente nuestras prácticas intelectuales y examinar qué ocurre cuando delegamos en herramientas digitales —y ahora también en la inteligencia artificial— tareas que antes exigían un esfuerzo personal de lectura, escritura y elaboración del pensamiento. Abordaré estas cuestiones en el próximo posteo, incluyendo las reflexiones y aportes de Daniel Cassany, quien afirma que:
Todos podemos aprender más y enseñar mejor con IAG, pese a sus riesgos. Los aprendices dependen menos del docente o del libro de texto. Pero el docente no pierde protagonismo: ahora puede diagnosticar y ayudar mejor a sus alumnos. Ellos nos necesitan más que nunca para entender y usar este lorito especial, con superpoderes, que está llamado a formar a la ciudadanía analítica y creativa del futuro (**).
(*) OECD. (2026). PISA 2025 results (Volume I): Student performance in PISA 2025. OECD Publishing. Recuadro I.2.3, Why has reading performance declined over time? Four underlying forces (pp. 95-100).
(**) Cassany, D. (2025). Un lorito en mi clase: IAG y alfabetismo. Perspectiva Educacional, 64(3), 3–24.
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