āTodos somos profesionales, nadie quiere mostrar sus debilidadesā. Una propuesta para evaluar el desempeƱo docente
- Pedro Ravela
- 22 nov 2024
- 10 Min. de lectura
La frase inicial del tĆtulo es textual. Fue expresada por un colega en el marco de un intercambio sobre evaluación docente, mientras analizĆ”bamos la tarea que el sistema educativo uruguayo asigna a los directores: calificar todos los aƱos a todos los docentes de su establecimiento, asignĆ”ndoles un puntaje de 0 a 100. Este puntaje es determinante porque ordena a los docentes en un escalafón para el momento de elegir cargos y horas de clase. El sistema de evaluación del desempeƱo docente es bĆ”sicamente el mismo desde que me recibĆ como docente hace cuarenta aƱos -es notable que no hayamos sido capaces de mejorar esto en cuatro dĆ©cadas-.

La āevaluación docenteā en Uruguay consta de tres elementos: un informe del Director del establecimiento, un informe de Inspección y un indicador de asistencia. Los informes de Dirección e Inspección se basan principalmente en la revisión de la documentación que lleva el docente y, en el mejor de los casos, en una visita al aula. Pero tambiĆ©n hay casos en que el informe del director es realizado a partir de una llamada telefónica al docente para preguntarle si durante el aƱo hizo algo especial.
Dada la cantidad de docentes que tienen a su cargo, ni los Inspectores ni los Directores tienen tiempo para hacer una evaluación apropiada. Los informes terminan siendo, en la mayor parte de los casos, un trĆ”mite administrativo que no tiene ningĆŗn significado sustantivo. Pero los puntajes ordenan a los docentes en el escalafón, y este ordenamiento determina las posibilidades de cada docente para elegir cargos y horas de clase -explicar el sistema de asignación anual de horas de clase en Uruguay es kafkiano y serĆa necesario otro posteo para hacerlo-. Por lo tanto, los docentes necesitan ese puntaje. āEn diciembre todos los profes te estĆ”n pidiendo el Informeā, me comentaba otro director.
El resultado ha sido un ritual administrativo que no aporta nada a la prĆ”ctica profesional. La gran mayorĆa de los docentes estĆ” por encima de los 90 puntos. No tenemos cultura de evaluación del desempeƱo y la prĆ”ctica. De allĆ la frase del tĆtulo de este posteo: "nadie quiere mostrar debilidades". No estamos acostumbrados a mostrar lo que hacemos. MĆ”s bien lo contrario, estamos acostumbrados a disimular las dificultades y a simular una buena prĆ”ctica para obtener un buen puntaje.
ĀæQuĆ© se puede hacer en esta situación? Muy poco en la Educación media, dada la cantidad de docentes que deberĆan evaluar los directores e inspectores. En Primaria una directora estĆ” a cargo de un equipo de entre 12 y 24 maestras. En algunos casos cuenta con una subdirectora. Es posible realizar una evaluación razonable de cada una de las docentes a lo largo del aƱo. En Secundaria y Educación TĆ©cnica un directivo suele tener mĆ”s de cien docentes a cargo, muchas veces varios cientos. Es imposible evaluarlos razonablemente a todos, porque ademĆ”s esta es apenas una de las mil tareas que debe atender.
De todas maneras me interesa formular una propuesta para evaluar el desempeƱo docente y aportar pistas a la reflexión acerca de cómo se podrĆa construir un itinerario de evaluación enriquecedor y profesionalizante. Los sistemas administrativos nunca pueden prever y reglamentar todos los aspectos de la prĆ”ctica. Siempre existe un espacio para resignificar la norma al implementarla. Al mismo tiempo, cualquier norma, por mejor ideada que estĆ©, con el tiempo terminarĆ” siendo desvirtuada por la prĆ”ctica o quedarĆ” obsoleta. Por eso los sujetos siempre tenemos algĆŗn margen de maniobra para hacer cosas con sentido dentro del marco normativo -aunque solo āalgĆŗnā margen, no demasiadoā¦-. Los directores con los que estuve trabajando usaban la expresión āhacerle trampaā al sistema establecido de informes y puntajes. En realidad no se trata de hacerle ātrampasā, sino de resignificarlo, de hacer algo con sentido dentro de las normas establecidas.
Todo proceso de evaluación involucra cuatro elementos centrales: un referente conceptual que establece los criterios de valoración, un conjunto de evidencia empĆrica que permite hacer visible aquello que serĆ” evaluado, una proceso de construcción de valoraciones a travĆ©s de la contrastación entre evidencias y referente, y un conjunto de consecuencias prĆ”cticas derivadas de la valoración. Estos elementos estĆ”n desarrollados en las Fichas DidĆ”cticas. Para comprender las evaluaciones educativas (2007), una publicación de acceso libre.
Un referente
En Uruguay el Estatuto Docente, establece once puntos que deben ser considerados en los informes de los directores al docente (Art. 44):
Aptitud y preparación para el desempeño de sus funciones.
Iniciativa e inquietudes para el mejoramiento del servicio.
Disposición para el trabajo y colaboración con la Institución.
Aporte al desarrollo de la comunidad educativa.
Asiduidad y puntualidad.
Relaciones humanas.
Interés, preocupación por los problemas de los alumnos y trato con éstos.
Trabajos técnicos de investigación o de complementación educativa.
Contribución en la formación de futuros docentes.
Integración de Tribunales Examinadores y Reuniones de Evaluación.
Colaboración en el aporte realizado por el Centro Docente para la inserción en el medio social.
Los aspectos indicados no estĆ”n mal, el problema es la generalidad de los enunciados. Con base en estas frases se pasa directamente a la asignación de un puntaje global basado en una Ćŗnica observación. La falta de especificación del significado de cada uno de estos aspectos y del tipo de evidencia empĆrica adecuada para valorarlos, deriva en una alta carga de subjetividad y arbitrariedad por parte de los evaluadores. Cada uno interpreta y califica a su antojo.
El primer paso para dotar de sentido a la norma serĆa especificar el referente. ĀæQuĆ© entendemos por buen desempeƱo? Muchos paĆses han desarrollado documentos, como el Marco para la Buena EnseƱanza (Chile) o el Marco de Buen DesempeƱo Docente (PerĆŗ). En algunos casos, como Ontario en CanadĆ”, el sindicato docente ha desarrollado un conjunto de estĆ”ndares para el desempeƱo profesional que son utilizados como base para la evaluación por parte de las autoridades.
Pero no es necesario ir tan lejos. Con los once aspectos incluidos en el Estatuto es posible construir un referente. Para ello alcanza con dar un breve desarrollo conceptual a cada uno de esos puntos. ĀæQuĆ© significa āAptitud y preparación para el desempeƱo de sus funcionesā? ĀæCómo podemos definirla en cinco o seis afirmaciones que estĆ©n basadas en una conceptualización de las capacidades necesarias para la enseƱanza? Lo mismo con āRelaciones Humanasā y cada una de las afirmaciones. Uno podrĆa incorporar a estos enunciados genĆ©ricos algunos descriptores de los tipos de desempeƱos esperados, que clarifiquen su significado, y darlos a conocer por anticipado a los docentes. O, por cierto, construir esos descriptores con los docentes, a travĆ©s de un proceso de reflexión colectiva. Este es un ejemplo del tipo de descriptores que podrĆan desarrollarse.
Busca despertar en los alumnos la motivación interna y el deseo de aprender. Ofrece informaciones y explicaciones comprensibles y bien organizadas. Utiliza fuentes de conocimiento actualizadas, relevantes y motivadoras. Propone actividades orientadas a la comprensión, la profundización y la experimentación. Problematiza y propicia conflictos cognitivos. Propone investigaciones, proyectos o problemas que implican dar respuesta a preguntas o situaciones desafiantes y abren nuevas ventanas para seguir indagando.
Evidencia empĆrica
El segundo elemento clave en un proceso de evaluación de desempeƱos es definir quĆ© tipo de evidencia empĆrica se utilizarĆ” para hacer visible el desempeƱo. ĀæDónde y cómo se lo va a observar? Los inspectores suelen utilizar tres tipos de evidencia: la planificación del curso, los registros administrativos en la ālibreta del docenteā y la observación de una clase. Los directores suelen utilizar ātodo lo que observanā a lo largo del aƱo, que es distinto para cada docente. En general es difĆcil predefinir quĆ© debe ser observado por igual para todos los docentes. Creo que no se puede estandarizar la observación. Me parece mĆ”s apropiado proponerlo de manera abierta a travĆ©s de una suerte de portafolios, orientado por esta pregunta: Āæcómo puede un docente mostrar su desempeƱo? No se trata de abarcar todo el referente como si fuese una lista de control a chequear, sino de que cada docente elija aspectos del referente y comparta evidencias que muestran cómo los lleva a su prĆ”ctica.
Giselle Martin Kniep, en el libro Portafolios del desempeƱo de maestros, profesores y directivos. La sabidurĆa de la prĆ”ctica (Paidós, 2001), propone un ejercicio muy interesante en torno a tres tipos de portafolios de la prĆ”ctica. Imaginemos que hacemos un llamado para seleccionar a un docente para un puesto. No queremos utilizar una prueba de lĆ”piz y papel, pero tampoco limitarnos a revisar constancias de cursos y actividades. Entonces pedimos a los candidatos que presenten un portafolios profesional. En este punto la autora distingue entre tres tipos posibles de portafolios.
Portafolios Tipo I- Totalmente abierto
āPresente un conjunto de no mĆ”s de cinco elementos (trabajos escritos, videos, ilustraciones, etcĆ©tera) que constituyan una muestra de sus logros y su desarrollo profesionalesā.
Portafolios Tipo II - Indicación de los elementos que debe incluir
El portafolios a presentar debe constar de los siguientes elementos:
Un texto personal de filosofĆa educacional.
Tres cartas que den testimonio de la capacidad de comunicación del candidato, una de un padre o madre, otra de un supervisor y la tercera de un colega.
Una lista comentada de las actividades de capacitación en las que ha participado, explicando cómo ha utilizado los conocimientos y destrezas adquiridas.
Un artĆculo, capĆtulo o libro publicado por el postulante.
Un video del candidato trabajando en el aula.
Portafolios Tipo III - Especificación de criterios
El portafolios a presentar debe incluir cinco elementos a elección del postulante que constituyan evidencia de los siguientes aspectos:
La capacidad para comunicarse eficazmente con una diversidad de interlocutores
La capacidad de reflexionar sobre la propia prƔctica y establecer metas para el desarrollo profesional.
La capacidad de utilizar el currĆculo para satisfacer las necesidades de diferentes tipos de alumnos.
La capacidad para trabajar cooperativamente.
La capacidad para evaluar aprendizajes.

Estos tres tipos de portafolios tienen diferencias sutiles pero importantes. El primer tipo le da total libertad al postulante para elegir quĆ© desea presentar como representativo de su trabajo. Esto puede resultar demasiado inespecĆfico para muchos docentes, que podrĆan no saber bien quĆ© presentar. Pero, sobre todo, puede dar lugar a dificultades a la hora de evaluar a los candidatos, dado que seguramente presentarĆ”n evidencias muy diversas y no se especifican criterios de evaluación.
El segundo tipo, por el contrario, puede encorsetar a muchos docentes. Especifica las evidencias a presentar, pero ellas pueden resultar forzadas o poco relevantes para muchos candidatos. Por ejemplo, no todos tendrĆ”n cartas para compartir o artĆculos publicados.
El tercer tipo de portafolios combina de manera inteligente la especificación de criterios de valoración con la posibilidad de elegir las evidencias mÔs apropiadas por parte de cada docente. No se indica el tipo concreto de evidencia a presentar, sino lo que las evidencias deben poner de manifiesto: la capacidad para... Este enfoque explicita criterios de valoración y, al mismo tiempo, permite que cada docente exhiba lo que considere mÔs apropiado e ilustrativo de su prÔctica.
Con esta idea como marco es posible pensar en un proceso de evaluación a cargo de directivos o supervisores. Este proceso se apoyarĆa en una especificación de los criterios de evaluación del desempeƱo, āaterrizandoā la norma genĆ©rica a travĆ©s de descriptores, segĆŗn indiquĆ© mĆ”s arriba. Con esa especificación como marco conocido y compartido, cada docente podrĆa ir registrando evidencias a lo largo del aƱo en un portafolios material o virtual. No se trata de un portafolios preparado especialmente para la instancia de evaluación, ni que requiera un trabajo extraordinario, sino de ir haciendo una colección natural de muestras de las actividades a lo largo del aƱo. Implica introducir el hĆ”bito del registro profesional.
Un proceso de valoración
La instancia de evaluación deberĆa tener su momento principal en una entrevista del docente con el supervisor o directivo. Esta entrevista tiene el carĆ”cter de un diĆ”logo profesional informado con base en los criterios de evaluación preestablecidos y en las evidencias aportadas por el docente. No es una instancia en la que el evaluador le dice al docente lo que deberĆa hacer o mejorar, como suele ocurrir en muchas ocasiones. Tampoco se limita a juzgar lo observado en una sola clase o a calificar una planificación que suele ser realizada con fines administrativos.
La entrevista estĆ” precedida por una autoevaluación del docente. La autoevaluación consiste en que el docente revise los criterios (no necesariamente deben ser utilizados todos, cada directivo o supervisor puede indicar algunos en los que enfocarse, en función de los antecedentes de cada docente, o dejar que el docente elija), indicando para cada uno de ellos si considera que su desempeƱo con relación al mismo presenta āGrandes fortalezasā, āMĆ”s fortalezas que debilidadesā, āMĆ”s debilidades que fortalezas o āMuchas debilidadesā. Y debe explicar en quĆ© evidencias sustenta esa valoración. Cada docente elige quĆ© registros o producciones de su portafolios desea compartir como evidencia de su trabajo del aƱo con relación a lo cada criterio.
El supervisor o directivo también prepara la entrevista, repasando lo que conoce del docente. La profundidad de esta revisión depende del tiempo disponible. Puede incluir una visita al aula, la mirada a los elementos del portafolios que el docente desee compartir, la escucha a los estudiantes, los registros administrativos.
La entrevista de evaluación es ante todo una instancia de diÔlogo en la que el docente narra y analiza su trabajo, y el evaluador escucha y pregunta. Dependiendo de cada caso, puede haber necesidad de confrontar la autoevaluación realizada por el docente, si existe contradicción entre su autopercepción y la del evaluador. Eventualmente el evaluador puede hacer referencia a evidencias que contradicen la autoevaluación del docente.
Consecuencias
En el proceso que proponemos la instancia de evaluación puede dar lugar a varios tipos de consecuencias, dependiendo del cariz de la situación. En el caso de docentes con muy buen desempeƱo la primera consecuencia deberĆa ser compartir sus experiencias con otros colegas. Cada institución podrĆa tener un espacio virtual en el que dar a conocer alguna de las experiencias realizadas en el aƱo por los docentes de muy buen desempeƱo. Esto servirĆa a la vez como incentivo para los buenos docentes y como fuente de inspiración para el conjunto.
En el caso de docentes con problemas en su desempeƱo la entrevista puede finalizar con algĆŗn tipo de acuerdos de mejora para el siguiente semestre. Esto puede incluir participar en espacios de formación, enfocarse en mejorar aspectos del vĆnculo o solicitar el apoyo y acompaƱamiento de algĆŗn colega. De esta manera el proceso de evaluación tendrĆa, ante todo, una finalidad formativa. Seguramente un proceso de este tipo resultarĆ” mucho mĆ”s relevante y enriquecedor que las prĆ”cticas vigentes.

Ahora bien, ĀæquĆ© hacer con la calificación, siendo esta parte de los requerimientos formales? No tengo una respuesta definitiva, serĆa necesario ensayar para ver quĆ© sucede. En principio veo dos alternativas. Una es seguir calificando como hasta ahora, de modo de cumplir con el requisito formal y no contaminar el proceso que aquĆ proponemos. La calificación siempre tergiversa los procesos de evaluación formativa. SerĆan como dos procesos de evaluación en paralelo. La segunda alternativa serĆa construir la calificación con base en el proceso de entrevista reciĆ©n descrito. Esto podrĆa hacer que las calificaciones tuviesen mayor significado sustantivo, pero con el riesgo de desvirtuar todo el proceso.
Pero ademÔs persiste el problema en la educación media: ¿qué puede hacer un directivo o un supervisor que tiene que evaluar a varios cientos de 100 docentes? Mientras el futuro nos alcanza podemos intentar iniciar la experiencia con algunos docentes, no con todos.
CRITERIOSĀ =>Ā Ā PORTAFOLIOS PROFESIONAL DE EVIDENCIA =>Ā AUTOEVALUACIĆN => ENTREVISTA => DIFUSIĆN y ACUERDOS DE MEJORA => CALIFICACIĆN
Volviendo a la frase del tĆtulo: todos somos profesionales, necesitamos espacios de intercambio y diĆ”logo informado para visualizar nuestras debilidades y trabajar sobre ellas. Necesitamos aprender de otros colegas. Una prĆ”ctica profesional cerrada a la mirada externa no puede mejorar.
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